lunes, 6 de marzo de 2017

El asno y las ranas

Con una enorme carga de leña a sus espaldas, un asno muy viejo, caminaba pesarosamente por una interminable carretera. Tan ensimismado estaba en sus pensamientos, que no se dio cuenta, que se había apartado del camino e introducido en las turbias aguas de la laguna.

Atrapado por el lodo y la enorme cantidad de algas y plantas acuáticas que se escondían en sus profundidades, el animal intentaba salir de aquel cenagal, sin conseguirlo. Harto de intentarlo comenzó a lanzarles toda clase de improperios a las ranas, las cuales eran culpadas por el asno de su desgracia.

Hastiadas de escuchar tal cantidad de palabras, las ranas más pacientes contestaban:

- No entendemos la razón de vuestras quejas, pues nosotras vivimos aquí de forma perpetua. Permanecemos vivas en un agua, que como muy bien habéis podido observar, permanece siempre sucia y nunca se renueva. ¿Pensáis que somos desgraciadas por eso? En absoluto, ya que, aunque nos gustaría ver el mundo, aquí tenemos suficiente alimento para sobrevivir y llevamos una vida plena y feliz, gracias a la sabiduría otorgada por los dioses.

MORALEJA
: Se siempre paciente, pues solo así podrás sobrellevar los obstáculos que se te presenten en el camino
El asno y las ranas
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El perro y el asno fábula de samaniego

Había una vez un asno y un perro, que tenían la suerte de trabajar para el mismo dueño. Cansado por la dura caminata de la mañana, el hombre se echó a dormir sobre la confortable hierba. Aprovechando el parón, el asno se puso a comer con tranquilidad; un sentimiento que no compartía el perro, el cual estaba cada vez más hambriento.

-Ten la bondad de tumbarte un momento -dijo el perro-. Si lo haces, podré agarrar con mis dientes, algo con lo que poder saciar esta hambre que me corroe por dentro.

Un ruego, al que no solo no hizo caso el burro, sino que además tuvo a bien contestarle, que era mejor que esperara a que su dueño se despertase, ya que podría disfrutar mucho más de la comida.

Enredados en esta discusión estaban, cuando de un bosque cercano, surgió un lobo. Aterrado ante la idea de que este se lo pudiera comer, el asno pidió al perro que hiciera algo para salvarlo. Un requerimiento al que el perro contestó con la misma frase del asno, siendo este devorado por el lobo.

MORALEJA
Ayuda al que te lo pida, pues de lo contrario, te pagarán con la misma moneda.
El perro y el asno fábula de samaniego
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viernes, 3 de marzo de 2017

EL asno cargado de reliquias

Cargado de una enorme cantidad de reliquias iba un burro, al cual todo el mundo iba lanzándole grandes alabanzas, como si fuera él un animal sagrado. Tanto le repitieron los elogios y oraciones, que el animal comenzó a creer que verdaderamente era a él al que le dedicaban tan buenas palabras.

Viendo un caminante, la actitud que estaba tomando el jumento, se acercó a su lado y realizó el siguiente parlamento:

-- Creo que te estás confundiendo ingenuo asno, todos los devotos comentarios que escuchas a tu paso, no van dirigidos a ti, sino a alguna o la totalidad de las reliquias que llevas encima. Deja de levantar la cabeza con tanto orgullo, pues al igual que a los hombres que se apropian de los méritos que no son suyos, a ti también te bajarán la cabeza de forma muy poco agradable.

Hazme caso a mí, que te hablo con buenas palabras, pues de lo contrario, alguien vendrá a decirte: “No seas tan arrogante asno, pues si todos te reverencian, no es por ti, sino por las estatuas que portas”.
MORALEJA
Aunque estés en un cargo de gran importancia, procura siempre tener los pies en el suelo
EL asno cargado de reliquias
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jueves, 2 de marzo de 2017

El asno infeliz

Tras una vida llena de infortunios, un asno se encontraba muy feliz, pues pensaba que, con su final, toda su penosa existencia quedaría atrás y podría disfrutar de un merecido descanso en el más allá. Cuando al fin le llegó el día, el asno se marchó de este mundo con una gran sonrisa en sus labios.

Más, no todo fue tan bonito como esperaba el jumento, ya que la pobreza en la que se encontraba su dueño, le obligó a vender su piel al mejor postor. Una piel, que se acabó convirtiendo cuero, con el que un artesano fue realizando toda una serie de objetos, entre los que destacaban unos pequeños tamboriles. Estos instrumentos, muy populares en las fiestas de los pueblos, fueron repartidos por los alrededores, sirviendo a los jóvenes del lugar para divertirse enormemente.

Así fue, como el pobre asno, nunca pudo encontrar su tan ansiado descanso, ya que su piel fue golpeada una y otra vez, por las pequeñas baquetas, para marcar el ritmo de las canciones de moda.

MORALEJA
Quien es infeliz vivo, no encuentra la felicidad en el otro mundo
Breve cuento con moraleja: El asno infeliz

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