jueves, 17 de noviembre de 2016

El erudito y el ratón

En la habitación de un famoso erudito, vivía desde hace mucho tiempo un ratón, que se divertía comiéndose todo aquello que el sabio hombre, escribiese en un papel.

A pesar de utilizar a un gato con gran fama de cazador de ratones, las más diversas trampas y dejar en todos y cada uno de los rincones, cosas que pudieran gustarle a tan molesto habitante, las cosas continuaron de la misma manera.

Y eso no fue lo peor que le pasó al erudito, ya que no contento con comerse todo lo que hubiera manuscrito, el ratón comenzó a roer algunos de los valiosos volúmenes impresos de su colección.

- ¡Que desgraciado soy en esta vida! –exclamaba con gran desesperación el erudito- Podía soportar que este maldito roedor se comiera todo lo que escribo, pero lo de mis libros es ya demasiado.

Desde este mismo momento, ningún papel de color blanco entrará en mi habitación. Si tanto le gusta roer el papel con el que escribo a este perverso ratón, encontrará en él su muerte
.

MORALEJA
Es bueno criticar de forma moderada a quien se quiere; conviene ser severo contra aquello que se considere ofensivo
El erudito y el ratón
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miércoles, 16 de noviembre de 2016

El lobo y el pastor

Había una vez un lobo, al que le pareció una buena idea departir con un pastor, para demostrarle que no era tan malo como todo el mundo afirmaba. A pesar de que sus razones estaban muy bien fundamentadas, el pastor continuaba mirándolo con el mismo recelo de siempre.

Sin otra alternativa, comenzó a relatarle todas y cada una de las virtudes que tenían las diferentes partes de su cuerpo.

De su piel le indicó que es capaz de ayuda a curar muchos males humanos y que ningún insecto es capaz de penetrarla. En sus uñas, dijo que estaba el secreto para curar el mal del ojo y que con sus dientes se podían realizar un sinfín de cosas.

Cansado de escuchar tan cansino parloteo, el pastor se levantó airado y le contesto:

- ¡Malvado animal! ¿Cómo te atreves a estar hablando tan animadamente conmigo? Después de todo el daño que me han causado los de tu especie a mis animales, poco o nada me interesa las virtudes que puedan tener tus uñas o dientes.

MORALEJA
No intentes tapar tus errores con buenas palabras
El lobo y el pastor
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martes, 15 de noviembre de 2016

La abeja y el cuclillo

En una apacible mañana de primavera, una abeja salía de su colmena para, recolectar la preciada miel que alimentara a las nuevas generaciones de abejas obreras. Al llegar a un precioso prado rodeado de árboles, un cuclillo cantaba despreocupadamente.

Tras un buen rato en el lugar, la abeja le dijo:

- Te pido por favor que dejes de cantar, pues tu horrible voz, impide que pueda concentrarme en mi labor. Nada en ese mundo me resulta más molesto que tu cansino e interminable cucú.

- Siento escuchar esas palabras de tu boca-respondió- ya que te tenía por una abeja más inteligente. Al igual que tú, yo tampoco le encuentro demasiada variación en el panal que tú haces. De hecho, no podría distinguir entre algo nuevo y algo viejo, ya que todo es lo mismo.

- A nosotras no nos hace falta cambiar la forma en la que construimos los panales, ya que le damos más importancia a que sea útil antes que tenga formas diferentes. Sin embargo, deberías estar mucho más preocupado por ti, ya que para lo que tú haces, es necesario introducir cambios para evitar aburrir a los demás.

MORALEJA
En la variedad esta el gusto, no en la monotonía
Cuento para leer: La abeja y el cuclillo
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lunes, 14 de noviembre de 2016

El caminante y la mula de alquiler

Con la barriga llena de paja y cebada, la mula que había alquilado un caminante, comenzó a correr por el camino con renovadas energías. Tan rápido corría el animal, que el hombre apenas era capaz de aminorar la marcha.

Feliz por este inesperado suceso, comenzó a pensar en todo lo que podría hacer con el tiempo libre que esta rápida marcha le iba a proporcionar. Mientras seguía trazando planes, la mula comenzó a ir cada vez más lenta.

Sorprendido por este súbito desfallecimiento de la mula de alquiler, intentó que su compañera, recuperara el buen ritmo con el que salió de la posada.

Por más que la imprecó, espoleó y utilizó los métodos más diversos para hacer que la mula cambiara de ritmo, el animal no solo fue caminando cada vez más y más lento, sino que además le lanzaba coces y mordiscos para que cejara en su empeño.

Harto de no conseguir ningún tipo de resultado, se bajó de su montura, maldiciendo una y otra vez el mal ojo que había tenido al elegir a su compañera de viaje.


MORALEJA
El caminante y la mula de alquiler

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