lunes, 12 de octubre de 2015

El asno y las cigarras


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En una noche de verano, las cigarras entonaban toda una serie de melodías con sus preciosas voces. Justo cuando estaban a punto de terminar las últimas de sus canciones, escucharon una voz muy extraña que las llamaba.

- Perdonad que interrumpa vuestro recital –dijo el asno- pero llevo varias noches escuchándoos y me gustaría poder conocer quién está detrás de esas bonitas canciones.

Muy asustadas, las cigarras salieron de su escondrijo para conocer a la misteriosa voz que las llamaba. Tras hablar largo rato, el asno le preguntó a las cigarras de que se alimentaban para tener tan buena voz.

- Solo comemos rocío- dijeron las cigarras.

A la mañana siguiente, el asno comenzó a buscar por todo su recinto gotas de rocío para alimentarse, ya que deseaba que su horrible voz sonara tan bien como la de las cigarras.

Fueron pasando los días y aunque solo se alimentaba del rocío de las plantas, su voz no experimentó ningún tipo de cambio. A pesar que su salud se debilitaba cada vez más, el asno siguió comiendo rocío, hasta que por culpa de su cabezonería murió de hambre.

MORALEJA
Si la naturaleza no te ha dado misma habilidad que alguno de tus semejantes, no te obstines en conseguirla por la fuerza
El asno y las cigarras
Fábula similar: El caballo y el asno

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