Las cabras y los chivos

Desde tiempos antiguos en nuestro mundo, existe el enorme y poderoso deseo de ser iguales a los demás sin hacer un mínimo esfuerzo. Siempre el que no tiene nada desea o añora lo que el otro tiene.

En esa época, las cabras no tenían barbas como los chivos, quienes se destacaban de los demás animales por su larga barba. Las cabras en su afán de parecerse a los chivos, con esfuerzo lograron convencer al dios Júpiter para que les obsequiase una barba. Para así, destacarse en el pueblo donde vivían.
Las cabras se sintieron felices con su barba, ya que les proporcionaba autoridad y respeto, los chivos, indignados y descontentos de que su privilegio fuese ahora también de las cabras, iniciaron una discusión y protestaron el obsequio que el dios Júpiter les dio a las cabras.

Las cabras, amargadas por la envidia, acabaron con la paz y tranquilidad de la que gozaba entonces el barbudo pueblo, y los chivos también se sumaron a la pelea. Júpiter en presencia de semejante problema arribó al pueblo para acabar con la situación.

¿Por qué les molesta que las cabras también puedan disfrutar del privilegio de poseer barba, si sería mayor insulto para ustedes y para su vano deseo que las cabras lograsen igualarles, a ustedes los chivos en fuerza, valor y agilidad corporal?

El mérito solo aparente, es merecedor de un desprecio total, no obstante, la virtud es solamente para aquel hombre que posea el ornato auténtico

MORALEJA
La moraleja de esta fábula se basa en que la virtud y el honor no se construye con los objetos que nos adornan, por muy preciados y valiosos que parezcan. Hay que ganarse con esfuerzo el mérito de usar las cosas que nos pueden distinguir, y no estar pendientes de las otras personas si usan los mismos objetos
Fábulas: Las cabras y los chivos

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