miércoles, 17 de diciembre de 2014

El rosal y la vid


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Un rosal que crecía silvestre se dirigió en una ocasión a su compañera la vid de esta forma:

"¡No sabes cómo me apena la triste existencia que te ha tocado vivir, amiga mía! Cuando tus ramas crecen, te podan, más tarde te cavan, y finalmente terminan por arrancarte los frutos que has tardado tanto tiempo en sacar. En cambio, yo soy afortunada, puesto que crezco libremente y nadie me molesta

La Vid , que escuchaba con atención no se mostró sin embargo afligida por las palabras del rosal. Más bien al contrario, su actitud no respondía a la de aquel que lleva una vida llena de penurias, como había sugerido su compañera, sino a la de quien se muestra satisfecha con su suerte.

"Tal vez tú lo veas así, pero yo veo de un modo distinto. Claro que a ti no te arrancan tus frutos, pero porque son amargos y nadie gusta de ellos. Sin embargo con los míos, se fabrica un delicioso vino que reconforta y da alegría a quien lo bebe. Además, mi felicidad consiste en trabajar para los demás, dando mis frutos sin recibir nada a cambio."

El rosal, escuchando los argumentos de la vid, se mostró avergonzado, quedándose en silencio

MORALEJA
Procurando dicha ajena se logra felicidad plena
El rosal y la vid
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