miércoles, 15 de octubre de 2014

El ciego


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Érase una vez un ciego que tenía admirados a todos sus conciudadanos por su habilidad para reconocer cualquier animal sólo con el tacto. Tal era su destreza que incluso podía distinguir la especie a la que pertenecía la bestia sin mayor dificultad.

Un forastero recién llegado al pueblo oyó hablar de la virtud del ciego e intrigado, quiso comprobar por sí mismo si todo lo que se decía de él era cierto. Así que decidió llevar ante su presencia un pequeño zorrito recién nacido, cuyo diminuto tamaño hacía más difícil la tarea del ciego de reconocer el tipo de animal del que se trataba.

Este, tras tocarlo unos instantes, se mostró un tanto desconcertado, y afirmó:

No puedo distinguir con claridad si se trata de un pequeño zorrito, de un lobezno o de un animal parecido. Pero de algo si estoy seguro: puedo afirmar rotundamente que sea lo que sea, este pequeño carnicero no ha nacido para convivir con gallinas, y que si lo criais junto a ellas, terminará por devorarlas una a una

MORALEJA
Aunque la maldad no podamos ver, la podemos reconocer
El ciego Fabulas de esopo
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